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Un actor en paro es contratado por una banca en quiebra para servir de chivo expiatorio. La pesadilla tan sólo acaba de comenzar...
Traduction de Crise et châtiment
ISBN 978-2-37705-037-6

Novembre 2016

50 pages ; 18 x 12 cm ; broché. Prix TTC : 9,90 €

 

 

 

 

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***

Leer el principio del libro

 

Despacho sobrio pero imponente : una gran mesa con un teléfono que hará también las veces de interfono. Se diferenciarán las llamadas por medio de un botón rojo y otro verde, un sillón de ruedas giratorio, acolchado, un velador en el que hay una especie de termo de aluminio y un marco con el retrato de un hombre colgado en la pared. María barre el suelo cuando entra Claudia vestida con traje de chapeta (con traje de chaqueta y chaleco, si se trata de un hombre).

Claudia – Me alegro de verla, María…. Tengo que decirle algo…

María deja de barrer.

María – Usted dirá, señora.

Claudia – ¿Cuántos años hace que barre para nosotros?

María – No lo recuerdo con exactitud, señora. Muchos, esos sí… ¿No está usted contenta con mi trabajo?

Claudia – No es eso María. Precisamente quería felicitarla. ¿Conoce usted el lema de nuestro banco?

María – Barrer para casa.

Claudia – ¡Justamente eso! Gracias a usted el Crédito Solidario siempre está impecable. Y, la limpieza en un banco es como su escaparate, ¿No le parece? Si el escaparate de un banco no estuviera impecable, los clientes podrían pensar que…

María – Que tampoco los banqueros son limpios…

Claudia –  ¡Eso es!  Veo que lo ha comprendido perfectamente, María.

María – ¿Puedo seguir con mi trabajo, señora?

Claudia – Espere un poco, María…

María – Pues… Usted dirá, señora…

Claudia se aclara la garganta

Claudia – Como usted sabrá, querida María… Mejor aún, Mi muy querida María… Incluso, diría yo, mi muy amada María… Pues, como le decía, usted sabrá que estamos en crisis.

María – ¿No me diga?

Claudia – ¡Sí, en crisis, María!  Aunque usted no lea la prensa económica todos los días, seguramente habrá oído hablar del tema. Pero, ¡qué tonta soy! Usted es marroquí, María, ¿no es así?

María – Soy portuguesa, señora.

Claudia – ¡Pues, todavía mejor!  He querido decir, todavía peor… Portugal es el país más tocado de la zona euro. ¿Supongo que estará al corriente?

María – Pues… Francamente no, señora

Claudia – En resumen, se trata de la recesión y el mundo de las finanzas es el que más se ve afectado por el descenso general de los valores….

María – ¿Valores?

Claudia – Me refiero a la bolsa. Lógicamente usted de eso no entiende. De la depresión económica a la otra depresión no hay más que un paso. Cuando la bolsa está a la baja, la moral también lo está. Y cuando la moral está por los suelos, la crisis moral también está cerca.

María – Si usted lo dice, señora.

Claudia – ¿No me diga que no se siente un poco deprimida?

María – Voy tirando, señora. No me quejo….

Claudia – ¡Perdóneme, María, pero si no hay más que verla así, con su escoba, para darse cuenta de que no está rebosando de alegría!

María – Seguramente es porque estoy un tanto cansada… A fuerza de barrer delante de la puerta….

Claudia – Todo esto para decirle que nuestro banco no está preparado para la tormenta que se avecina… y que debemos hacer también nuestros cálculos. Lo comprende, ¿verdad?

María – Si, señora…

Claudia – Para su bien, María, el Crédito Solidario ha debido tomar ciertas medidas, quizá un tanto dolorosas, con el fin de poder conservar su empleo. Un empleo, que ahora puedo decírselo, se había visto seriamente afectado.

María – Gracias, señora…

Claudia – Por lo tanto, tengo el placer de anunciarle, María, que no tenemos la intención de despedirla.

María – Trabajo en negro, señora.

Claudia – Sea como sea, puede usted seguir barriendo mi despacho hasta nueva orden y, ¿quién sabe? quizá un día la deje barrer el despacho del señor director.

María – Gracias, señora…

Claudia – Evidentemente, el Crédito Solidario espera de usted un pequeño sacrificio para ayudarnos a conservar el empleo en el país. Porque, sin empleo no existe el poder adquisitivo y, sin poder adquisitivo se pierde la confianza y, sin confianza, no hay empleo. Es el círculo vicioso de la estanflación. ¿Me sigue?

María – Al menos, lo intento, señora…

Claudia – Comprendo que esto le sobrepase, mi pobre María, pero le aseguro que puede confiar en mí… Voy a intentar que me comprenda… A cambio de conservar su empleo, el Crédito Solidario le propone bajarle el suelo un treinta por ciento. Imagino que le parecerá razonable, ¿no es así?

María – ¿El treinta por ciento?

Claudia – Un tercio del sueldo actual, si lo prefiere.

María – ¿Un tercio menos?

Claudia – Pues… así es. Tiene que pensar que, en los tiempos que corren, no abundan los empleos de limpiadora, María. No es de extrañar que, dentro de poco, incluso trabajando en negro, le pidan el título de bachiller. Eso, además de tener un buen enchufe… Por cierto, ¿es usted bachiller?

María – No, señora…

Claudia – Supongo que no conocerá a nadie en las altas esferas…

María – Pues no, señora…

Claudia – Y, por lo que respecta a su promoción, querida María, y con esto no pretendo que se sienta mal, tampoco estoy segura de que todas las bazas estén a su favor…. ¡Qué le vamos a hacer! Es así… La gran lotería de la vida…Ni siquiera el Crédito Solidario podría cambiar las cosas… Algunos nacen en Suiza con un apellido de muchas sílabas y un físico fuera de serie y otros… En resumen, supongo que estará usted de acuerdo en que mi propuesta es de lo más generoso… ¿Qué piensa de todo esto?

María – ¿Qué qué pienso, señora?

Claudia – Sí, María… Aunque realmente no es en absoluto necesario que piense. Pero, yo voy a escucharla. Vivimos en una democracia y ese es mi deber….

María parece reflexionar.

María – ¿Qué es lo que pienso…?

Claudia – Algo tendrá que pensar, digo yo…

María – Pues pensar sí que pienso, señora… (María la amenaza levantando la escoba)  Esto es lo que pienso, señora!

Claudia – ¿Se ha vuelto loca, María?

María persigue a Claudia con la escoba hasta que ésta desaparece entre bastidores.

Claudia – Pero, María… ¡Cálmese!  Tan sólo le he hecho una propuesta!  Pero, no se preocupe… Nosotros también sabemos escuchar a nuestros empleados!

Se escucha los gritos de Claudia entre bastidores.

Claudia – ¡Ayyyy!!  ¡Noooo…! ¿Y un 20 por ciento?

María –- ¿Quiere que la siga zurrando?

Claudia – ¿Y el diez por ciento?

María – Diez por ciento, pero de aumento

Claudia – La verdad es que no sé si…

Entran de nuevo en escena. María sigue amenazando a Claudia con la escoba

Claudia – Está bien, María… Hay que saber llevar a buen puerto una negociación… Asunto zanjado… El Crédito Solidario aumentará su salario en un 10 por ciento.

María – Así está mejor, señora.

Claudia – La verdad es que, María, es usted dura de pelar… También sabemos apreciar ciertos rasgos de carácter en nuestros empleados y usted ha demostrado tener un par de…

María – Muchas gracias, señora.

Claudia – ¿Qué le parecería hacer un master de formación, totalmente pagado por la empresa? Podríamos contratarla para nuestro Servicio de Morosos. Con esto de la crisis cada vez hay más facturas impagadas…

María – ¿Es que quiere que vuelva a atizarla con la escoba?

Claudia  se aleja por si acaso.

Claudia – No se hable más del asunto. La dejo que siga con su trabajo…

María – Gracias, señora.

Claudia sale de escena bajo la mirada atenta de María que no le quita ojo.

Aquí puede intercalarse un intermedio musical y/o una coreografía, Podría recurrirse al guiñol con Claudia volviendo a la carga y María dándole escobazos, al estilo de los guiñoles habituales donde es la policía la que recibe los golpes.

OSCURO

Entra en escena Dominga, una especie de caricatura de secretaria amanerada y lame culos. Lleva un expediente en la mano. La sigue Jerónimo, visiblemente incómodo. Lleva  un traje que le queda pequeño y una corbata deslucida. Un supuesto empleado importante.

Dominga – Por aquí, por favor… Este es su despacho, señor.

Jerónimo (sorprendido) – ¿Mi despacho? ¿Está usted segura?

Dominga – Comprendo que resulta un tanto austero, pero se puede mejorar colgando algunos cuadritos.

Jerónimo – Pues… Si…

Dominga – Quiero advertirle, sin embargo, que en este despacho no conviene tener ni tiestos ni jarrones con flores.

Jerónimo – No sabía…

Dominga – Vamos, que no conviene tener nada susceptible de serle lanzado a la cabeza.

Jerónimo – Por supuesto…

Dominga – Tampoco conviene dejar en la mesa ningún tipo de cortapapeles y, ni siquiera una grapadora.

Jerónimo – Mi esposa también detesta que deje por ahí mis cosas.

Dominga – Es decir, todo aquello que pudiera ser utilizado como arma arrojadiza.

Jerónimo la mira, inquieto.

Dominga – Bueno… Doña Claudia le explicará.

Jerónimo – ¿Doña Claudia?

Dominga – Es la jefa de servicio. Ella es la que le ha contratado. No está aquí de momento, pero no tardará en llegar.

Jerónimo – De acuerdo… ¿Y cuál es su cargo en la empresa…?

Dominga – Gestión de Patrimonio.

Jerónimo – Comprendo…

Dominga – Digamos que ayudamos a la gente rica a que sean mucho más rica.

Jerónimo – Noble misión… ¿Y qué tal va?

Dominga – Regulín, regulán, por desgracia… Por eso le han contratado ¿no es así?

Jerónimo – ¿No me diga? La verdad es que no tengo ni idea… Yo me apunté en la oficina del paro y me enviaron aquí… ¿Está usted segura de que no se trata de un error?

Dominga – ¿Un error? ¡Qué idea tan descabellada! ¿Por qué iba a tratarse de un error?

Jerónimo – Digamos que no tengo la impresión de que yo pueda encajar en este trabajo…

Dominga – Puede estar seguro de que no se trata de ningún error, señor Carpintero.

Jerónimo – Zapatero. Mi apellido es Zapatero.

Dominga – Aquí tengo su expediente y su perfil corresponde perfectamente a lo que Doña Claudia espera de la persona destinada a ocupar este puesto….

Jerónimo – ¿Mi perfil?... No sabía que tuviera un perfil… La verdad y, todo hay que decirlo, no soy alguien que interese a ningún jefe de personal.

Dominga abre el dossier y le echa un vistazo.

Dominga – Veamos… Aquí dice que es usted actor en paro desde hace dos años…

Jerónimo – En realidad, casi tres…

Dominga – El psicólogo de la oficina del INEM le describe como apático, resignado, con tendencia a la culpabilización y al desprestigio de sí mismo…

Jerónimo – ¿Y ese es el perfil que buscan para este puesto?

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